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Raquel Ramirez Cámara

acapitalunque soy graduada en psicología y me he formado en distintos campos relacionados con la educación, la asistencia psicológica en situaciones de emergencia o el sueño y el estrés, lo que realmente me interesa más allá de las titulaciones, son las personas.
Me declaro como ecléctica y autodidacta y huyo de patrones rígidos, ya que considero fundamental que la persona reciba un trato humano y personalizado, atendiendo a las características particulares así como a las circunstancias personales, la experiencia vital de cada cual y el modo en que cada uno asume y le da sentido a su propia vida y acontecimientos.
Desde que tengo conciencia y hasta donde alcanza mi memoria, la inquietud sobre la mente y la conducta humana siempre me han acompañado. Mi tendencia a observar y reflexionar sobre todo lo que pasaba a mi alrededor,  me ha llevado a buscar respuestas, documentarme y emprender un camino primero hacia el autoconocimiento y la toma de conciencia y después hacia el convencimiento de que mediante las herramientas necesarias es posible construir un mundo distinto en el que vivir de forma satisfactoria.
Los momentos de cambio en nuestra vida, así como las dificultades cotidianas o los problemas circunstanciales, pueden representar trabas a nuestro bienestar cuando no se dispone de los medios para encajar o resolver dichos procesos.
Si bien es cierto que las circunstancias no siempre las escogemos nosotros y no siempre nos resultan favorables, también lo es que existen modos de poder sobreponerse a aquellos acontecimientos que en ocasiones invaden nuestro equilibrio personal.
Cuando creamos resistencia para abrir nuestra mente a la vida, estamos adoptando una visión parcial y limitada de todas las posibilidades que hay a nuestro alcance, y por extensión, las alternativas hacia el bienestar también se ven reducidas. Esto se traduce en malestar, frustración, impotencia, resignación y falta de herramientas para el manejo constructivo de nuestra trayectoria.
Saber que todo tiene un principio y un fin, conectar con nuestras propias habilidades, asumir nuestras debilidades, no tener miedo al cambio ni al diálogo y comprometerse a trabajar en ello, es el primer paso en el camino. Puede no ser fácil, ni rápido, pero lo que realmente nos importa, es que sea de verdad.

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